Ya llega la Navidad… Para reflexionar!


Ya estamos a vísperas de Navidad! lo que para muchas personas es la fecha más importante del año o una de las más importantes; es la fecha de las reuniones familiares , la fecha para compartir, la fecha para dar y recibir.


La navidad como yo la percibo no son compras y regalos para todas las personas que durante el año ni siquiera viste o llamaste, o regalos para los que sí viste y llamaste durante el año; pienso que ésta época es mucho más que compartir, es la época del concebir un equilibrio personal y sentirse en un estado de plenitud en aspectos como la vida personal, familiar, laboral y espiritual.


Entonces, es momento de replantear la vida como un todo, ¿qué estilo y qué vida llevamos? ¿qué queremos? ¿Somos realmente felices con lo que tenemos y la vida que llevamos? ¿qué debemos cambiar, mejorar o trabajar para sentirnos plenos?


Alguna vez le escuché a mi hermana reflexionar sobre por qué las personas cuando se reúnen o se encuentran, o en un simple saludo diario entre vecinos, compañeros de estudio o de trabajo, la pregunta obligada es: ¿cómo estás? Y acto seguido hacen preguntas que en muchos casos incomodan como: ¿hijos para cuándo? si se está recién casado, si se está en una relación de novios estable preguntan ¿Cuándo se casan?, si se es adolescente preguntan: ¿qué vas a estudiar?, y así un sinfín de preguntas; Pero NUNCA esas personas preguntan: ¿ERES FELIZ?, ¿ESTÁS FELIZ?; Es una pregunta tan poderosa pero tan poco común que a veces olvidamos hacérnosla nosotros mismos y tampoco se la planteamos a los más cercanos, a las personas que amamos, queremos o valoramos. Siento que, si alguien en el día nos realizara esa pregunta, de alguna manera generaría en nosotros la inquietud y probablemente reflexionaríamos sobre esto muy pronto.


También pienso que la vida de los seres humanos, por lo menos en la cultura occidental, tiene tres componentes fundamentales para sentirse en pleno desarrollo personal: la familia (no importa su composición, pueden ser padres, hermanos, pareja, hijos o todos juntos), el trabajo (independientemente si es un trabajo como empleado o que por decisión personal se decida no emplearse para poder sacar adelante proyectos personales como la buena crianza de los hijos, la administración de bienes de la familia, cuidar a un familiar cercano, etc), la vida social sin importar la intensidad que cada ser humano necesite para sentirse satisfecho, y para muchos otros la espiritualidad en cualquiera de sus amplificaciones.


Esos cuatro aspectos: el familiar, laboral, social y espiritual necesitan estar en equilibrio para que el ser humano disfrute la vida; cuando alguno flaquea, los demás vacilan y la vida laboral influye fuertemente en los demás aspectos de manera directa.


Cuando hay una tranquilidad laboral, bien sea generada por la tranquilidad de tener un buen empleo, en todo el sentido de la palabra, es decir, un trabajo que nutra, de sentir que la remuneración es justa, que hay crecimiento laboral y aportes reconocibles en ambas vías, colaborador – empleador y empleador – colaborador se genera una sensación de bienestar que automáticamente se trasmite a su entorno familiar, social y espiritual; si el caso es el contrario bien sea porque se tiene un empleo donde no hay satisfacción o porque no se tiene empleo, ésta persona es un ser humano que probablemente no se sienta merecedora de lo que su familia le brinde, empieza a tener sentimientos de autoestima baja, no se va sentir satisfecho asistiendo a reuniones sociales y claramente su paz y tranquilidad del SER se ven perturbadas.


Así que estamos en Navidad, en época de reflexión y la pregunta a plantarse debe ser: ¿Cuál es mi situación laboral y que voy a hacer para cambiarla? ¿Cuál va a ser mi plan de acción? ¿mi regalo de Navidad debería ser una ruta que me lleve a lo que quiero o prefiero quedarme con lo material de todos los años?


Feliz Navidad,

Claudia Palacio



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